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#unirPuntos2 – Cistierna + El Hullero

img_20160818_093528Viajar en El Hullero, al menos para los que fuimos niños en León capital tiene una conexión dulce con el pasado, con alguna excursión a La Vecilla, a Aviados o a Cistierna, o a tantos otros pueblos de las miles de paradas que es capaz de efectuar. Es uno de esos trenes con memoria, algo casi recíproco, ya que seguro que el tren es capaz de recordar a sus viajeros, a sus paisajes, a sus viajes, a sus vidas… Son lugares donde se encuentra la dignidad de las cosas sencillas, donde una bolsa buena del El Corte Inglés, de la caja de ahorros o de la zapatería de turno, sirven de maleta, y ocupan asiento en el tren.

img_20160818_110703Decía Gamoneda:

“Éste es un tren de campesinos viejos / y de mineros jóvenes. Aquí / hay algo desconocido. // Si supiésemos qué, algunos de nosotros / sentiríamos vergüenza, y otros esperanza. / Se está haciendo de día. Ya / veo los montes dentro de la sombra, / los robles, del mismo color del monte, / la yerba vieja, sepultada en escarcha, / y el río, azul y silencioso / como un brazo de acero entre la nieve. // Cruzan los pueblos de sonido humilde: / Pardavé, Pedrún, Matueca…”.

Pero un tren, es un medio del transporte, si quiere seguir funcionando y quiere seguir funcionando necesita viajeros, necesita inversiones, necesita necesidad de desplazarse… Sino de poco valdrá la memoria para mantenerlo. Y creo que en muchas ocasiones cometemos el error, por buena voluntad de querer mantener un ferrocarril, en base a los recuerdos de una época que ya no existe. No salen las cuentas, ni aún metiendo en la cuenta factores que no sean económicos. Por supuesto, que otro gallo cantaría si despegáramos la piel del asiento del coche, pero eso es un nudo gordiano para el que no tengo respuesta ni tiempo vital para encontrarla.

En este caso, el objetivo que encomendé al Hullero fue visita el Museo del Ferroviario de Cistierna, para cerrar el círculo, y ya de paso recordar una albóndigas “tamañopelotadetenis” que de niño comimos en el Restaurante Moderno de Cistierna.

Es un museo pequeño, aprovechando como tantos otros del trabajo de extrabajadores, de herramientas, de espacios, etc que algún momento fueron esencial. Son museos estupendos, donde lo que hay en las vitrinas es lo que es: billetes, manuales de la compañía, tornillos, herramientas, etc.

A destacar el nuevo espacio que han habilitado en los talleres. Dicho esto un museo ferroviario en una estación, es un trabajo relativamente sencillo para lograr que sea lo suficientemente atractivo para los visitantes, si efectivamente ha llegado más o menos ese conjunto, esa “pequeña ciudad” que son las estaciones.

Pero quizá lo más interesante es pasearse por los alrededores, fuera de las estaciones sobre todo de aquellas grandes o importantes como Cistierna. Aparecen chimeneas, vías ocultas, galpones, vagones, puentes de hierro, etc. Un mundo por explorar.

Cerca de Cisiterna, en La Ercina, hay un museo en un bar, que antes fue escuela. Un museo puesto ahí por gentes que trabajaron en la mina, y que han ido recogiendo recuerdos, testimonios. Pese a ser León en verano, una provincia mucho más interesante en lo rural que en lo capitalino o metropolitano (no digamos), estaba cerrado, y tampoco pareció oportuno perturbar el descanso veraniego. Habrá que volver con un tiempo más recogido, sin embargo esto es lo que se atisba desde las ventanas.

También quedó pendiente el “museo-bar” ferroviario de Palacios de Vadellorma. Lo que está claro que parece ser esta una comarca de museos, de memoria… de esa memoria que en León se cuenta tan bien. Parece que lo próximo viene con galones.

 

 

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Taller “Construye una estación” en el Museo del Ferrocarril de Madrid

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De estación en estación

Originalmente publicado en Ahora Arquitectura.

Hay muchas maneras de analizar un territorio, una ciudad o el patrimonio. A nosotros cuando nos enfrentamos a algo tan complejo, disperso o maltratado, como es el patrimonio industrial nos parece apropiado identificar tres tipos de referencias geométricas básicas: el polígono, la línea y el punto. Es una manera de pegar las piezas del puzzle y establecer un relato coherente.

Aplicado al patrimonio histórico ferroviario identificamos claramente estos tres elementos: el polígono como el recinto de la estación, incluyendo todos los edificios y servicios que la componen: edificio de viajeros, depósitos, talleres, almacenes, oficinas, gabinete de circulación, aseos, urinarios, fondas, muelles… y un largo etc.

A continuación tenemos los puntos, que pueden ser elementos aislados o bien contenidos en los polígonos. De los primeros podemos reconocer multitud de construcciones esparcidas a lo largo de una línea ferroviaria: pasos a nivel, puestos de control, apeaderos, etc.

A lo largo de la historia de las comunicaciones terrestres, los ferrocarriles han sido el mejor ejemplo de cómo trabajar la imagen de una compañía a través de su arquitectura. Lo percibimos de una manera mucho más clara en los sistemas urbanos como el Metro de Madrid, donde el diseño de estaciones, logotipos e instalaciones está extremadamente cuidado (sobre todo si el autor es Antonio Palacios).

En nuestra visita “De Príncipe Pío a Las Matas. Arquitectura ferroviaria en línea” , os planteamos una aproximación para conocer el patrimonio histórico ferroviario, a través de una simbiosis, no del todo bien considerada y cuidada, que es la relación entre las grandes estaciones ferroviarias y sus necesarias réplicas en las estaciones de clasificación, talleres y/o depósitos. En Madrid encontramos varios ejemplos, desde los más recientes como Chamartín + Fuencarral u otros históricos como el conjunto de Atocha + Cerro Negro + Cerro Plata + Santa Catalina + Villaverde. En ellos cada edificio tiene su función y la representa, con un lenguaje más o menos evolucionado, pero anticipa claramente la modernidad en la arquitectura que se alcanzaría su esplendor a mediados del siglo XX.

Nos detendremos en el caso particular de la estación de Príncipe Pío y la de Las Matas, que trae parejo un poblado ferroviario. Comenzaremos la visita a la vera de Casa Mingo, un histórico de la hostelería madrileña y con un vínculo directo al ferrocarril. A continuación os descubriremos el entorno de la estación de Príncipe Pío más allá de la imagen marginal y de patito feo a la que la asociamos. Os aseguramos que será todo un descubrimiento.

El conjunto de estación de Príncipe Pío muestra la evolución de la arquitectura ferroviaria de la Compañía de Caminos del Hierro del Norte, desde la primera etapa con una clara influencia francesa, siguiendo a un modernismo secesionista y en la última etapa una recuperación de lenguajes monumentales.

Tomaremos un tren de Cercanías a las 11.29 (la precisión horaria es otra de las característica del mundo ferroviario) dirección a Las Matas. Una vez allí, nos adentraremos en ese trozo de historia reciente de Madrid, que es el poblado ferroviario.

Las compañías ferroviarias al igual que otra muchas empresas precisaban localizar a sus numerosos trabajadores cerca de los puestos de trabajo. De ahí surgirá toda una serie de intervenciones arquitectónicas y urbanísticas simultáneas, de un alto interés no sólo para la arquitectura, sino para la sociología, la economía, etc.

Visitaremos el Museo del Ferrocarril de Las Matas, una iniciativa de la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Las Matas (AFEMAT) y del Ayuntamiento de Las Rozas, que no solo recoge herramientas, instrumentos y material ferroviario, sino que nos permite recordar cómo era la vida en esta esquina de Madrid, no hace tanto tiempo. Además tendremos el lujo de contar con las explicaciones y vivencias de los miembros de la AFEMAT.

¡Os esperamos!

La Estación Internacional de Canfranc

Publicado originalmente en Pensando el Terriorio

La Estación Internacional de Canfranc (1928) pasa por ser unos de los edificios ferroviarios más interesantes de Europa, ya sea por sus dimensiones (280 m de longitud), como por su significado histórico en el periodo entreguerras. La que fue durante cuarenta años la única estación internacional de la línea Zaragoza-Pau, vivió momentos de frenética actividad, gracias al tráfico de mercancías (cereales principalmente) y en menor medida al de viajeros. Con el cierre de la parte francesa en 1970, tras el accidente que acabó con el viaducto de L’Estanguet, comprometió la viabilidad de la línea.

Desde entonces, tanto la línea como la estación han decaído en número de pasajeros como de mercancías. Sin embargo todavía se mantienen dos servicios diarios a Zaragoza, un autobús sustitutivo hacia Francia y un tren cerealero semanal hacia Barcelona. En el año 2005 se aprobó un proyecto para la rehabilitación de la estación para el aprovechamiento turístico y cultural, gracias al cual se reformó la cubierta, evitando mayores desperfectos. Sin embargo el proyecto se encuentra paralizado, a la espera de encontrar financiación.

La importancia de “la dama de los Pirineos” radica en la calidad del edificio -declarado BIC en 2002-, así como en el patrimonio ferroviario e industrial asociado. Destaca el túnel de Somport, que pese a estar abandonado sirve como galería de emergencia del túnel carretero análogo y como laboratorio de experimentación de Física Nuclear y Astropartículas de la Universidad de Zaragoza.

Desde la incorporación de España a la Unión Europea en 1986, la asociaciones transfronterizas “CRELOC” y “CREFCO” llevan reclamando la reapertura de la línea, habiendo conseguido por parte de las autoridades francesas, la reapertura entre Oloron y Bedoux para el año 2013.

Enlaces:

Laboratorio Subterráneo de Canfranc: http://www.lsc-canfranc.es/es/inicio/historia.html

Web de la tesis de Grado del Geógrafo suizo Jürg Stuer sobre “El canfranero”: http://www.canfranc.ch/

Web de la CRELOC: http://creloc.intermodalite.com/

Web de CREFCO: http://www.crefco.org/